Agroecología: alternativa para la soberanía alimentaria

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Texto: Guadalupe Ochoa Aranda
Fotógrafo: José Ventura

En los años sesenta, la aplicación de la “Revolución Verde” en Cuba, cuyo objetivo fue incrementar la producción agrícola y proveer de alimento al pueblo, fue una enorme equivocación, así lo enunció el doctor Fernando Funes Aguilar, Premio Nobel Alternativo 1999, considerado el padre de la agroecología cubana. “Cuba enfrentó tres décadas después problemas de productividad y afectaciones medioambientales por la sobreexplotación de los recursos naturales”, agregó.

Al dictar la conferencia “El futuro de la producción agroalimentaria” en la Sala de Consejo Académico de esta unidad, el doctor Funes narró frente a decenas de futuros agrónomos la experiencia cubana a partir de la aplicación de la agroecología como una alternativa para la soberanía alimentaria y mitigar la amenaza del cambio climático.

El destacado científico indicó que después de la Revolución su país realizó dos reformas en el rubro de la agricultura en la isla, aunque al igual que México aplicó las políticas de la Revolución Verde entre 1960 y 1980. Sostuvo que en aquella época la producción agrícola se incrementó notablemente con la aplicación de fertilizantes y la deforestación extensiva. “Llegó un momento en que la producción de leche y carne decayó por la falta de árboles para dar sombra al ganado”, añadió.

La desconsiderada sobreproducción llegó al grado de hacer producir más de cien litros de leche en un día de una vaca ubre blanca cubana. Aun así, no se logró llegar a la autosuficiencia alimentaria y, aunado al alto gasto energético, en los años noventa se registró un colapso en la economía cubana junto con la de la Unión Soviética y Europa del Este. Sin embargo, en Cuba había mucha gente preparada a nivel profesional para enfrentar la crisis y proponer una agroecología resilente.

El Dr. Funes, junto con su hijo Fernando, observó que las fincas diversificadas, llamadas cooperativas de crédito y servicio, producían agricultura, ganadería, frutos y verduras, y eran mucho más eficientes, pues con el veinticinco por ciento de la tierra generaban más del sesenta y cinco por ciento de la producción total de alimento en 2006. A diferencia del Estado que tenía el setenta por ciento de la tierra y producía veinticinco por ciento.

La unión de estas cooperativas unidas para ofrecer atención veterinaria, servicios fitosanitarios y comercialización de productos dio origen al movimiento de la agricultura orgánica que en ese momento no fue comprendida.

No obstante, hoy “la agroecología es vista como un paradigma innovador para el diseño de una nueva agricultura del siglo XXI para la soberanía alimentaria, energética, tecnológica, resiliente al cambio climático y a las transformaciones económicas globales”. En Cuba, prueba de ello son las prácticas y programas innovadores mediante el policultivo y rotación de cosechas, la recuperación de la tracción animal, la conservación, el manejo de suelos y nutrición orgánica, la medicina verde, la innovación agraria local, los sistemas silvopastoriles, las fincas forestales integrales y la integración ganadería-agricultura-forestal.Además, ese país ofrece educación y capacitación enfocada a resolver el futuro de la producción agroalimentaria para sus más de once millones de habitantes.

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